Articuladores de la voz: cuáles son y cómo influyen al cantar

Conocé los articuladores de la voz: lengua, labios, mandíbula, paladar, faringe y laringe, y cómo modifican el timbre, la claridad y el canto.

¿Qué son los articuladores de la voz?

Los articuladores orales (o vocales) son cada uno de los órganos del aparato fonador que modifican el sonido que se genera en la laringe, interrumpiendo o moldeando el flujo de aire dentro del tracto vocal.

En sentido estricto, los articuladores orales no producen la fuente sonora: los pliegues vocales la generan al vibrar y el tracto vocal la moldea. En sentido amplio, la propia laringe también puede considerarse parte del sistema articulatorio, porque su configuración modifica el flujo, la sonoridad y la calidad de la voz.

Entonces: los articuladores cambian la forma del tracto vocal y, por consiguiente, el timbre, la claridad de las palabras y la facilidad con la que podemos cantar una nota.

El rol de los articuladores

En la práctica del canto, podemos pensar que los articuladores funcionan como los controles de ecualización de un equipo de audio: los pliegues vocales aportan la fuente sonora y los articuladores modifican cómo la escuchamos.

Los más visibles son la mandíbula, la lengua, los labios y el velo del paladar; la faringe y las estructuras laríngeas también pueden modificar el resultado, aunque suelen estudiarse por separado o en un nivel más especializado.

Si querés entender mejor cómo esas cavidades influyen en el sonido, te recomiendo leer mi artículo sobre los resonadores de la voz.

¿Qué tipos de articuladores de la voz existen?

Cuando se habla de los articuladores de la voz, los que más comúnmente se mencionan son la lengua, los labios, la mandíbula, el velo del paladar y, en un sentido amplio, la faringe. También suelen nombrarse los dientes y el paladar, aunque estos últimos son, sobre todo, superficies hacia las que se mueve otro articulador.

Pero esa es una forma simplificada de presentar el tema. En fonética, los articuladores de la cavidad bucal se dividen habitualmente en dos grupos: activos y pasivos. De forma simple, un articulador activo se mueve hacia otro; uno pasivo recibe el contacto o la aproximación.

Además, conviene distinguir entre la fonación —la generación de la fuente sonora en la laringe— y la articulación, que moldea esa fuente al modificar el conducto vocal. Por eso, las cuerdas vocales pueden considerarse órganos fonatorios y, en una clasificación amplia, articuladores laríngeos.

1. Articuladores activos

Son los que se mueven o cambian activamente de configuración para crear una constricción, abrir o cerrar una cavidad, o modificar el paso del aire:

  • Labio inferior: puede acercarse al labio superior o a los dientes superiores.
  • Lengua: tiene varias partes móviles: punta, lámina, parte anterior, dorso y raíz. Según la zona que se mueva, puede dirigirse hacia los dientes, los alvéolos, el paladar duro, el velo, la úvula o la pared faríngea.
  • Mandíbula inferior: sostiene y acompaña los movimientos de los labios y de la lengua, y modifica la apertura de la boca.
  • Velo del paladar o paladar blando: sube para separar la cavidad oral de la nasal y baja para permitir la nasalidad. También puede funcionar como superficie pasiva (articulador pasivo) cuando la lengua se aproxima a él.
  • Cuerdas vocales: vibran para producir la fuente sonora, pero también pueden abrirse, cerrarse o estrecharse para modificar la sonoridad, la aspiración y la calidad de la voz.
  • Epiglotis y estructuras epilaríngeas: La epilaringe es la zona superior de la laringe y puede estrecharse, modificando el timbre y la calidad vocal.

2. Articuladores pasivos

Son las superficies relativamente estables hacia las cuales se dirige el articulador activo o contra las que se forma una constricción:

  • Labio superior: hacia el que se mueve el labio inferior en las articulaciones bilabiales. En la práctica, ambos labios participan y la división entre activo y pasivo no es absoluta.
  • Dientes superiores: pueden recibir el contacto del labio inferior o de la punta o lámina de la lengua.
  • Alvéolos: están situados detrás de los dientes incisivos superiores, hacia estos se puede dirigir la punta o la lámina de la lengua.
  • Paladar duro: contra éste se aproxima la parte anterior o el dorso de la lengua.
  • Velo del paladar: actúa como articulador pasivo cuando la lengua se acerca a éste para formar sonidos velares.
  • Úvula: hacia ésta se dirige la parte posterior del dorso de la lengua en las articulaciones uvulares.
  • Pared posterior de la faringe: hacia ésta puede ir la raíz de la lengua al retraerse o aproximarse la epiglotis y la región epilaríngea.

Casos con doble rol

  • El paladar blando es pasivo cuando la lengua se acerca a él para formar /k/, /g/ o /x/, pero es activo cuando sube o baja para controlar la comunicación con la cavidad nasal.
  • La epiglotis y la región epilaríngea pueden actuar como estructuras móviles o como superficies de contacto, según el gesto articulatorio que se describa.
  • La faringe baja o hipofaringe funciona a la vez como espacio resonador y como zona de constricción. Su pared puede ser una superficie pasiva, mientras que la raíz de la lengua y las estructuras epilaríngeas pueden aproximarse a ella o estrechar el conducto.

¿Son los músculos de la laringe y alrededores articuladores de la voz?

Los músculos que producen estos movimientos no suelen llamarse articuladores por sí mismos. Son los motores del gesto, pero el articulador es la estructura que se desplaza o cambia de forma. Por ejemplo, los músculos ariepiglóticos estrechan la entrada de la laringe, pero las estructuras que realizan la constricción son los pliegues ariepiglóticos y la epiglotis.

Los músculos que elevan o descienden la laringe tampoco suelen clasificarse como articuladores independientes. Sin embargo, la posición de la laringe sí puede funcionar como un parámetro articulatorio, porque cambia la longitud efectiva del tracto vocal y sus resonancias. Algo parecido ocurre con los músculos faríngeos: modifican la forma de la faringe, pero no son la superficie articulatoria en sí misma.

Consejos para el uso de los articuladores en el canto

La mandíbula: abrir no siempre es mejorar

La mandíbula sirve para abrir la boca, pero abrirla al máximo no es sinónimo de cantar mejor. De hecho, una apertura exagerada puede hacer que la lengua se ponga dura, que el cuello se tense y que la vocal pierda su forma.

Por ejemplo, para una vocal abierta como la a normalmente hará falta más apertura que para una u. Sin embargo, esa apertura tiene que ser funcional. Si para llegar a un agudo abrís tanto la boca que sentís tirantez debajo de la mandíbula o en el cuello, probablemente estás usando fuerza donde necesitarías mejor coordinación.

Una buena referencia es esta: la mandíbula debe poder moverse, pero no tendría que ser la protagonista de la nota. La voz se produce en la laringe y se organiza con todo el tracto vocal, no con una mandíbula haciendo fuerza.

Además, movimientos muy rápidos y pronunciados de la mandíbula, van a cambiar los espacios internos de resonancia del tracto vocal y esto puede ir contra la estabilidad de las cuerdas vocales (por el cambio de impedancia), por lo cual, para mantener una emisión vocal estable, buscamos el mínimo movimiento necesario de la mandíbula.

La lengua: el articulador que más suele interferir

La lengua es muy fuerte, muy grande y está conectada al hueso hioides, que a su vez se relaciona con la laringe. Por eso, cuando la empujamos hacia atrás o la endurecemos de más, podemos modificar también la posición de la laringe y dificultar la emisión.

Hay un mito muy difundido que dice que para “abrir la garganta” hay que bajar la lengua todo lo posible. Pero no es así. Si aplastás la lengua contra el piso de la boca, especialmente su parte posterior, podrías terminar cerrando espacio en la faringe y haciendo que el sonido se vuelva opaco o apretado.

En términos generales, conviene que la punta de la lengua descanse cerca de los dientes inferiores y que el resto se mueva solamente lo necesario para formar las vocales y las consonantes. No obstante, también depende mucho del sonido que quieras lograr. Pero como norma general, no busques una posición rígida, buscá una lengua cómoda, móvil y adaptable.

Labios ¿redondeados o en sonrisa?

Los labios también hacen mucho más que “pronunciar bien”. Cuando los redondeamos, como en la u o la o, alargamos el tracto vocal y el sonido suele percibirse más oscuro. Cuando los estiramos, como en una sonrisa, el tracto se acorta y el resultado puede ser más brillante.

En estilos clásicos se prefiere ese sonido de labios redondeados, en estilos modernos, principalmente pop y rock, la apertura horizontal puede ayudar a lograr ese brillo y claridad característico de muchos cantantes famosos.

Lo importante es no "demonizar" una forma en particular, sino entender que cada posición puede cumplir una función distinta según cómo queramos cantar. Una sonrisa muy rígida puede tensar los labios, levantar el mentón y volver el sonido delgado, pero una posición de labios adelantados muy forzados, también van a generar tensión que va a deteriorar el sonido de la voz. Si querés profundizar en esto, revisá brillo y oscuridad en la voz y armónicos y formantes.

El velo del paladar ¿es malo nasalizar?

El velo del paladar es la parte blanda que está al fondo del paladar. Cuando se eleva, separa en gran medida la boca de la nariz. Cuando baja, permite que parte del aire y del sonido se comuniquen con la cavidad nasal.

Para tener un sonido desnasalizado, un error común es cantar todo el tiempo como en un "bostezo", pero eso puede llevarte a oscurecer demasiado el sonido (por la bajada de la laringe) y quizá no es eso lo que querés para tu estilo. El velo puede estar alto y relajado sin esa sensación constante de bostezo, sólo hay que entrenarlo correctamente con ejercicios de apertura.

La bajada del velo deja pasar el sonido a la nariz, lo cual, si es exagerado puede atenuar mucho el sonido y generar esa sensación de "resfriado", pero bien controlada, la nasalización puede ayudar a atenuar ciertas frecuencias de la voz que suenan agresivas y así suavizar las notas agudas para que no suenen tan gritadas (si eso es lo que buscás).

La nasalización se puede practicar con la letra "N" y la desnasalización con la letra "D", pasar de una a otra te va a ayudar a sentir el cambio de posición del velo del paladar y entrenar con sílabas con N y D ayudan al control de la nasalización.

También es importante evitar el error común de confundir nasalidad con twang. Una voz con twang puede ser muy brillante sin necesidad de pasar por la nariz. En mi artículo ¿Qué es el twang?explico mejor esa diferencia.

Conclusión

Los articuladores determinan cómo se moldea el sonido que sale de la laringe. No obstante, no deberíamos tratarlos como botones aislados que hay que colocar en una posición perfecta, sino como un conjunto de mecanismos que actúan en sinergia y que, bien utilizados, pueden darnos infinidad de matices para cantar.

Con esto en mente, podés explorar el uso de tus articuladores, y si querés entrenarlos de forma sistemática, te recomiendo leer mi artículo Cómo ejercitar la voz de forma eficiente.

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